Volver a aprender viajando

Después de 820 días volvimos a coger un avión.

Entre medias, La Casita, pero más cosas. Las de la vida real.

Y aunque no hemos dejado de “aprender viajando”, porque un viaje en autobús urbano también vale, es verdad que echábamos de menos un “viajecito”.

Y sí, es un capricho. Viajar es el nuestro.

Eso sí, aprender viajando debería ser asignatura troncal para la vida.

El destino fue Bélgica, por los gofres.

Así de claro. En nuestra charla para elegir destino, Juan dijo: ¿Dónde era el sitio ese que ibas a por gofres?

Hace unos años iba a Bruselas un par de veces al año por trabajo. Una etapa… interesante.

Y compramos los vuelos. Ya está.

Me resulta raro cuando la gente dice “no sé dónde ir”.

Mi gran problema es “no sé dónde no quiero ir”.

Pero el tiempo y el dinero limitan la circunferencia de decisión con un compás perfecto, y en ese radio de acción decidimos. Y los gofres sí están en el círculo.

Y puedes pensar: ¿pero gofres?

Venga, vamos con un #aprenderviajando

“La gaufre, c’est la douceur de l’enfance et la simplicité du bonheur.”
(El gofre es la dulzura de la infancia y la sencillez de la felicidad.)

Pierre Romeyer. Cocinero.

El gofre nace en la Edad Media, por el siglo XIII. Ya tenemos la historia para tirar del hilo y ciudades para visitar en busca del origen del gofre y las tretas medievales.

Las primeras formas de gofre se cocinaban entre dos planchas de hierro unidas por una bisagra. Estas planchas ya tenían grabados con relieves (panales, escudos, motivos religiosos). Con esto podemos hablar de plástica, ¿no? Personalización, marketing… Cómo un simple dibujo en un molde podía marcar la diferencia y distinguir el producto de un artesano frente al de otro.

Y puedes decir, vale, pero ¿y geografía? A medida que el uso de azúcar y miel se expandió en Europa, el gofre evolucionó de un pan plano a un dulce más elaborado. Con lo que podemos hablar de comercio, transporte, economía… ¿De dónde llegaba el azúcar? De plantaciones coloniales en América y Asia. ¿Y la miel? De la apicultura local. El gofre era un mapa de rutas comerciales y un ejemplo perfecto de la globalización temprana.

E incluso, cruzar el charco. El gofre de Bruselas se hizo célebre mundialmente en la Feria Mundial de Nueva York en 1964, cuando Maurice Vermersch empezó a venderlos como “Belgian waffles”. Historia contemporánea, inglés, y un poco de publicidad: se dieron cuenta de que a los americanos les costaba pronunciar “Brussels waffle” y lo rebautizaron para vender más.

¿Y si metemos algo de matemáticas? Las proporciones de la receta: medir, pesar, multiplicar si hay que preparar para toda la clase. Sumas de calorías (¡importante no pasarse!). Y, de paso, calcular el área de cada gofre. Si mide 10 x 16 cm, ¿cuántos caben en una bandeja de un metro cuadrado?

Y no olvidemos la física: la gofrera. ¿Por qué se dora la masa? Reacción de Maillard. ¿Por qué sube? Levadura y formación de burbujas de CO₂. Todo un laboratorio de ciencias con olor a mantequilla.

Y si quieres un enfoque más social, podemos hablar de cultura y costumbres: en Bélgica se come en la calle, en ferias, en casa. Cada región tiene su propia receta y ritual. El gofre como identidad local y patrimonio gastronómico.

Así que, ya ves: un gofre es mucho más que un dulce. Es historia, geografía, arte, ciencia, matemáticas, economía y un buen puñado de anécdotas.
Y si eso lo mezclas en tu viaje, tus peques no querrán perderse ni un… bocado de cada detalle.

La planta de hoy: las espigas de trigo, la harina como base de este gofre viajero.

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