Sana, sana, culito de rana
- noviembre 1, 2025
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¿Qué súper-poder va después de “sana-sana culito de rana?
Este post no me lo esperaba en mi lista del año, la verdad, pero ha tocado. Soltar.
Es otro valor que aprecio mucho.
Ya sabes, cada post de este año habla de un valor.
Soltar es aprender a dejar que las cosas, personas, momentos, vivencias, habilidades… se vayan, mueran.
Pequeños duelos.
Un jersey que era de la suerte que ya no te pondrás más.
Una persona que era importante y de repente ya no compartes camino.
Un trabajo que termina.
Una receta que deja de gustarte.
Un libro que ya no es tu favorito.
O… como en este caso, un súper-poder de ma-padres que ya no necesitará más.
Juan se hizo una herida en unos campamentos con el cole. Urgencias. Tres puntos de sutura. Sin mamá y papá.
Adios “sana, sana… culito de rana”.
Ya sé lo que estás pensando “Hombre, con eso no se curan heridas”
¿Seguro? ¿Qué heridas?
“Sana, sana culito de rana…” es: estoy.
Es te transmito una canción que hablar de cuidar en el tiempo. Es te quiero tanto que me creería hasta que las ranas tienen pelo para que no te doliese y es un…”si no se cura hoy se curará mañana”.
Es un no te puedo prometer nada, salvo que mañana estaré para cantarte la canción.
Y un día no estás para soplar la herida. Para coger la mano. Para decirle al médico “yo entro con él”. Para enseñarle que si el dolor llega a 8 puede pedir un momento porque es su cuerpo. No estás. Fin.
¿Y dónde estás? Pues buscando otro súper-poder. No sé cuál.
El de la teletransportación, no, ese parece no ser. Le hubiera usado.
Con suerte tu mini pilla antes el poder de los tres golpes de tacón para escapar de la bruja del norte y volver a casa.
No sé si hoy o después de hacerse amigo de un hombre de paja y vete a saber quién más.
Estoy a la espera de que me llegue algún envío de súper-poder.
¿Estará en la aduana? ¿O tendré que SOLTAR tanto que se acabaron los súper-poderes y solo me quedarán recuerdos y un súper-humor de “como vaya yo y lo encuentre”?
Por si acaso he plantado caléndulas en este jardín virtual. Por sus propiedades curativas. Dicen que calma irritaciones y pequeñas heridas y yo tengo una herida pequeñita con este desapego que tengo que calmar.
“El cuerpo se me arruga, es inevitable, pero no el cerebro. Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar y nunca se degenerará.”
Rita Levi-Montalcini , neuróloga.
Como me parecía un poco lejano este plan, he pensado en acercarlo un poco. Me he apuntado a la “uni”, a distancia eso sí.
A una sola asignatura, eso también. Pero he mantenido mi plan de que fuera algo completamente distinto a mi plano profesional: arte prehistórico.
No tengo ni la más remota idea de arte, salvo lo que me haya quedado en alguna neurona de las visitas a cuevas y museos.
Y entonces, cuando he acabado la matrícula, he pensado: voy a darme un título.
Matrícula de honor en ESTUDIANTE. Porque saber, saber… cada día sé menos de casi nada.
Lo cual es una mierda, porque no se discute nada bien en las sobremesas y hay que disimular haciendo como que lo que dices lo dices muy segura, y es fatal.
Pero me siento tan bien con esta notaza. Porque si hay un valor que también me fascina es la diversidad.
Y creo —lo creo firmemente, y me atrevo casi a decir que estoy en lo cierto— que estudiar cosas diversas te hace la mente un poco más grande, un poco más versátil, un poco menos sabia también, porque cuanto más metes… menos sabes.
Y eso hace que te des cuenta de lo importante que es la diversidad de pensamiento, de personas, de lugares, de estímulos.
Claro que, al minuto de darme la matrícula y estar a medio paso de ponerme un birrete y hacer un discurso, he pensado que vaya chorrada. Eterna estudiante. Laureles para mí. Y les he puesto en mi jardín virtual.
Claro que luego me he visto en un piso de estudiante, con muebles de tercera mano y haciendo sopa de sobre con Jorge y 50 y pico años a la espalda y he pensado: ¡menos mal que tengo planes!
Otro medio minuto después me he caído del guindo y me he dado cuenta de que debía estar dormida para pensar tanta bobada.
Pero no sé… no me colgaba la babilla ni nada…
Igual… déjame que piense… ¿querrían los prehistóricos ir al valle de al lado a ver cómo pintaban otros? ¿Eso era hacer un Erasmus?
Este post es solo por si te inspira a hacer algo. Aunque sea eterno. Lo que sea.
Y si no me aceptan en el Erasmus, siempre me quedará hacer un intercambio con el vecino del séptimo, que estudia cerámica.
Quizás los planes no sean para cumplirse todos, sino para no dejar nunca de estudiar cómo cumplirlos.
Supongo que por eso me gustaba tanto el Equipo A. Si eres de los 80 lo entenderás “Me encanta que los planes salgan bien”, como decía Hannibal.