El aprendizaje

El 21 de enero me gradué como madre. Yo creo que 12 años de carrera son suficientes.

Más que nada porque Medicina son 11 años y la gente opera a corazón abierto.

Yo creo que, con 12 años de aprendizaje incansable, estoy capacitada para ayudar en las tareas del cole y poner una tirita si se pega un leñazo con la bici.

La pregunta del millón ha sido: ¿no se te ha pasado el tiempo volando?
Y la respuesta es NO.

El primer año sí, ese ni lo vi.

Puedo decir que soy una madre sin recién nacido y bebé en sus memorias conscientes.

Viene a ser como pasarte el primer año de carrera en la cafetería sin saber ni dónde está el aula que te toca.

Pero ya luego… decidí que no.

Que no estaba aprobando las asignaturas de pañales, gateos y comidas y que había que ponerse las pilas.

Y el resto de los 11 años, tengo que decir que no me he perdido una clase y que, aunque he suspendido en muchas ocasiones, he ido recuperando.

No lo digo en broma. En estos 11 años he estudiado más que en toda mi vida. Me da la risa floja de pensar en mi asignatura de Física del Estado Sólido, que era la más temida. Se queda a la altura de “pinta y colorea” si la comparo con Rabietas y Límites.

Esta asignatura es anual y se repite año tras año.

Puedo jurar que habría preferido resolver ecuaciones diferenciales del punto de equilibrio del agua con lápiz en papel higiénico que algunos de los exámenes que he tenido en Fundamentos de Rabietas y Límites Avanzados. Prometido.

Pero también puedo jurar que no he aprendido más, ni más bonito, que en esta aventura.

Puedo asegurar que en maternidad no hay un conocimiento que no te lleve a otro, y yo, que uno de mis valores principales es el aprendizaje, tengo la sensación de tener un regalo constante de vida.

Yo sé que a muchas personas pensar en aprender les lleva al cole, a las capitales y las tablas de multiplicar o a unas oposiciones con sus frustraciones en la mochila.

Pero eso no es aprender, eso es estudiar mierdecillas.

Es verdad que, para aprender, muchas veces hay que estudiar, pero desde otro lugar. Desde una mirada abierta a la curiosidad, la observación, el cuestionamiento, la transformación y la sorpresa ante nuevas creencias que nacen.

“El aprendizaje es un lugar donde el paraíso puede ser creado.”

Bell hooks

Si ahora me pidieran un consejo a alguien que va a ser mamá o papá, le diría: APRENDE COSAS.

Hasta aquí todo “¡ohhh, qué bonito!” Pues vamos con el zasca.

El aprendizaje lleva también implícito un dolorcillo, porque cada aprendizaje nuevo suele generar un pequeño tsunami.

Imagina que tu aprendizaje, legado de tu sabia abuela, era:
“Hay que ir con zapatillas por casa para no coger catarros.”

Y tú llevas cuatro o cinco años recordando a tus criaturas, con amor infinito, cosas como:
“Esas zapatillassssssssssssssssssss…”

Y un día, en tu rato de aprendizaje, descubres que ni los catarros se cogen por los pies ni lo de las zapatillas hace ningún favor a su desarrollo motor y cognitivo.

Zasca.

¿Y ahora qué?

  • Opción 1: No te apeas del burro y sigues a voces con las zapatillas.
  • Opción 2: Tsunami de transformación, responsabilidad y cambio.

Ahora lo elevas a la enésima potencia y… ¡listo para servir!: APRENDIZAJE COMPLETADO.

Aunque hay una tercera opción, la de…
“Bueno, tampoco pasa nada por las zapatillas y no vamos ahora a dar marcha atrás, no vaya a ser que…”

Te garantizo que esa es la peor, porque se transforma en INCOHERENCIA, y las niñas y niños huelen la incoherencia como un chacal unas chuletillas.

Esto también lo he aprendido, con un tsunami.

Por eso he elegido para mi jardín virtual un bambú, simboliza el aprendizaje porque crece primero en raíces invisibles, es flexible pero fuerte, y demuestra que el conocimiento requiere paciencia, adaptación y resiliencia.

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