Disfruta de las pequeñas cosas

Me molesta mucho cuando hay alguien que dice esta frase como si estuviera diciendo: “trae patatas del súper”.

Cuando la simplifica, como si fuera algo sencillo de conseguir. Es mi opinión personal, basada en… ninguna ciencia del mundo.

Su única base de sustentación es mi tiempo pasado, o el zamani, que dirían en África.

El zamani es el pasado más amplio, al que van entrando progresivamente los acontecimientos que dejan de formar parte de la experiencia inmediata.

Es una especie de “depósito” de memoria profunda, donde residen los ancestros y los hechos significativos que ya no están activos en el presente.

¿No te parece un concepto precioso?

Pues yo creo que para disfrutar de las cosas pequeñas necesitamos mucho zamani.

Cuando eres pequeño, ver una piedra nueva es un “¡wow!”, ver dos piedras es la repera, y ya tres piedras y un palo te alegran la semana.

Pero de mayor, salir a caminar y ver una piedra es casi misión imposible. Salvo que recuperemos en ese paseo hechos significativos que le den un giro inesperado y nuevo a ver esa piedra.

Ya sé que ahora tienes cara de “¿pero qué dices, tarada?”

Pues te digo: que irte a las Maldivas con George Clooney o Sandra Bullock, claro que te salva la semana, el mes y el año. 

Es muy difícil tener cara de ajo-puerro en una de esas situaciones; si la tienes, busca ayuda, Jose-Mari.

Yo me imagino a George trayéndome un café a la tumbona, y también soy capaz de decir “las pequeñas cosas como un café son maravillosas”… ¡no te jode! Y perdonadme la expresión.

Pero, ¿café en la taza de siempre en la cocina de mi casa con pelusa que me mira desde la esquina, un par de platos en la fregadera, la lavadora centrifugando y un “¡mamáaaaaaaa! ¿mis calcetines de rocódromo?”?

Pues… hombre… como mucho me sale un “las pequeñas cosas como un café sin gritos hacen que no me desborde como la niña del exorcista”, seguido de un “¡qué poco pido, señor!” con un halo melodramático que ya quisieran en lo que El viento se llevó….

El ayer es historia, el mañana es un misterio, pero el hoy es un regalo. Por eso se llama presente.

Maestro Oogway, dibujo animado. 🙂

Y sí, podemos darnos al mindfulness y vivir el momento presente, notar el calor de la taza, oler el café, saborear despacio. Y muy bien. En eso hay ciencia detrás. Practícalo que funciona.

Pero para mí la verdadera pequeña cosa es estar segura de que ese café, en esa cocina, en ese momento y con esos gritos de fondo, es lo que de verdad quiero estar haciendo en ese momento concreto de mi vida, de verdad de la buena, de la profunda, de la de final de peli con su banda sonora y su todo.

Entonces, si por lo que sea tu cerebro tiene algo similar al mío, entenderás que, ahí sí que suenan las trompetas de los ángeles y te tomas un sorbo de café y dices:

¡WOWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWW!

Aparta, amigo Clooney: que me sobras tú y todas las tumbonas de las Maldivas.

¿Ese paseo es un WOWWWWWWWWWWWW?

¿Ese ir al súper y pensar “jooooooder, es que puedo elegir lo que voy a comer”? ¿Es tu WOWWWWWWWWWWWW?

Estar en el dentista y decir: “puff, ¿puedo tener más suerte de poder cuidarme?”

Y sí, puedes pensar luego lo que te va a doler la cartera, que vale una pasta un empaste, pero ¡qué llevas cartera!

Y ahí, sí, ahí yo, en muchas ocasiones (cada vez más), voy de WOWWWWWWWWWWWW en WOWWWWWWWWWWWWWW.

Pero no dejo de caer otras veces en querer un “mega-súper-hiper-wow que flipas tres veces”.

Qué magia, esa distopía de que a veces “wow” es ver salir el sol por la ventana y en otras, si no entra Rosalía con toda la banda de música, te parece una caca de la vaca.

Igual son justo esas pequeñas cosas conscientes. No sé. Ya te lo avisé: no había ciencia ni nada detrás de esta patrañada de filosofía de sobremesa con cuñados.

Tengo el defecto de que no puedo dejar de hacer grande lo pequeño.

El daño colateral es que a veces sufro, a veces mucho,  cuando no lo consigo, cuando me falta la energía o la creatividad para conseguirlo.

Porque si fuera fácil… no habría cartelitos en las tazas con “enjoy the moment”.

Así que el día que venga Clooney a casa, imagínate, va a flipar con mi pelusa de la esquina y los platos en el fregadero.

Y con esto, y un bizcocho virtual que te mando, me despido hasta el 2026

Te deseo un año entero cargado de millones de cosas muy, muy, muy pequeñas.

En 2026 hablaré en el blog de algo muy, muy pequeño, del orden de nanómetros de tamaño. 

Pero tengo que dejar mi última planta de este jardín virtual. Es la Rafflesia hasseltii, conocida como una de las flores más raras del planeta y apodada “la flor que ven más los tigres que los humanos”.

Después de 13 años de búsqueda, el biólogo Septian “Deki” Andrikithat la encontró en Sumatra, Indonesia. El descubrimiento fue grabado en vídeo y se hizo viral debido a la emoción de los investigadores, que rompieron a llorar al ver la flor. Es una flor parásita que crece dentro de una enredadera y solo emerge para florecer durante un corto período de tiempo.

Estoy convencida de que “Deki” ha sumado 13 años de pequeñas cosas para ver esta flor. Pero sin esos 13 años… ¿crees que habría llegado al super momento?

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